AMILCAR MORETTI

Escritor de periodismo, fotógrafo y crítico de la cultura
La Plata. Argentina

Amilcar Moretti. AutorretratoSoy argentino. Nací en el sur de la provincia de Buenos Aires, cerca del puerto de Ingeniero White. Mi territorio original es molde de un modo cultural: cruce de pampa, mar y meseta patagónica. Una combinación rica y compleja igual a la de mi ascendencia, mitad itálica y mitad española y criolla aborigen. Estudié literatura en universidades públicas. He trabajado de maestro alfabetizador de adultos y, sobre todo, como escritor de periodismo de autor en prensa impresa. He publicado unas cinco mil (5.000) notas con firma. Me he especializado en crítica de cine, fotografía y temas de cultura y sociedad. Desde hace décadas soy fotógrafo y me dedico al desnudo femenino de expresión y autor. He sido durante años jefe de departamentos de video y fotografía. Soy receptivo a casi todas las artes y medios de información, expresión y comunicacionales. Concibo todas estas actividades y mi vida misma como inseparables de la política y la sociedad, con criterio afianzado en lo histórico y su devenir. Entiendo lo sexual (en sentido amplio, diferenciado de lo genital) como fuerza de vida, y al erotismo como refinamiento de la cultura. Pienso a la Argentina como una Pasión Inconclusa, siempre deseante. Creo que eso es muy bueno y estimula. Mi maestro de pensamiento fue Rubén Bugallo, querido y siempre recordado periodista de mi pueblo y militante socialista. Me formaron lecturas de Sigmund Freud y Erich Fromm, el Bertrand Russell polemista, la estética del filósofo Georg Lukács, el profesor Jaime Rest, el ensayista David Viñas, y no olvido las narrativas de Hemingway, Francis Scott Fitzgerald, el Cortázar rayueliano y el Borges agnóstico. Todos ellos alrededor del cine como cuna intelectual y sensible desde mis primeros años de vida. Mi hermano Ricardo fue guía y modelo para el vínculo amoroso con  el cine y los libros. Casi nada hubiera sido posible sin el apoyo de Cristina, compañera, amiga, amante y esposa sin claudicaciones. Soporte fundamental fue Juan Carlos, mi psicoanalista hasta años atrás, sin cuya generosa paciencia y claridad poco hubiera reconocido de este transcurrir vital.