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Para ganar en octubre: captar el voto oculto y vergonzante del 51%. Cita y escribe AMILCAR MORETTI

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           Hay que ser “capaces de captar el voto oculto y vergonzante”. Así reflexionó un investigador económico y social español poco antes de la confirmación definitiva del triunfo para presidente de la nación de Lenín Moreno en Ecuador.

 

 

 

Alfredo Serrano Mancilla
Alfredo Serrano Mancilla

Alfredo Serrano Mancilla, economista y académico director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), autor de “América Latina en disputa” y “El pensamiento político de Hugo Chávez”, parece sugerir sin decirla su propuesta hacia el “voto oculto y vergonzante”, como una captación tan inteligente como perspicaz que debiera servir a los desorientados argentinos. En especial aquellos con inquietudes de sensibilidad social, que no quieren para su país esto del último año en el gobierno en Argentina y, por el contrario, desean al menos un regreso de las comodidades y ventajas, inciertas e inestables siempre, claro, de la década del 2003 en adelante.

 

 

                    El 51% que consagró hace un año al inesperado y sorpresivo nuevo electo presidente de Argentina no se caracteriza, en general, por un reconocimiento público de su decisión. Si no niega, ensaya excusas, argumentos que desvían responsabilidades y no parece querer hacerse cargo, salvo vaguedades sobre debilidades del peronismo reformista-populista y distribucionista del kirchnerismo y además silencios de ocultamiento, silencios sospechosos y vergonzantes en torno a las evidentes y duras consecuencias de haber haber “cambiado” -bajo el eslogan de un nuevo partido “Cambiemos” o quiero un “Cambio”, no se sabía cuáles- lo que se tenía por lo que se tiene, doloroso y carenciado por cierto para los sectores asalariados, desocupados y más débiles de la Argentina. Y también por supuesto para parte del empresariado que ve su quiebra ante la apertura de las importaciones y el endeudamiento externo aumentado vertiginosamente que hay que pagar ya.

 

 

            “Por favor, no crean que el miedo de retornar al pasado neoliberal funciona como bandera electoral a favor del bloque progresista. Todo cambio radical implica una gran transformación también en la memoria de las mayorías. La gente mira hacia delante y no le gusta votar mirando al retrovisor. Lo de la década ganada no es del todo efectivo a la hora de seducir a un voto mayoritario. Los jóvenes y la nueva clase media de origen popular piensan y votan exigiendo mucho mas. Naturalizaron derechos sociales y ahora realizan nuevas demandas. Y tienen derecho a hacerlo.” Así lo dice Serrano Mancilla en un breve texto que reproduce este martes 21 el diario “Página12” de Buenos Aires y que puede consultarse en el sitio web del CELAG (ver al pie).

 

 

 

           Aunque cada vez que en EROTICA DE LA CULTURA escribo sobre política, como si fuera la peste, se retira más de la mitad de mis visitantes actuales promedio, por responsabilidad, cariño, pasión y compromiso intelectual no puedo dejar de subrayar varias observaciones empíricas, desidealizadoras y realistas de un intelectual joven español que parece haber captado algunas líneas no dogmáticas del funcionamiento de América latina en su última década y media de gobiernos progresistas, ahora en retroceso hacia economías de dictaduras militares, salvo la Bolivia de Evo Morales, la Venezuela de Chávez (en peligro permanente) y precisamente ahora el Ecuador de Rafael Correa.

 

 

 

              Hay que prestar atención, mucha si se quiere superar holgadamente en las urnas al 51% en octubre próximo en la Argentina. Casi que si el triunfo no llega a ser holgado no sirve, y todo valdrá -por parte de algunos- para que no sirva de aquí a esa fecha.

 

 

 

                   Primero: Que la memoria no es pareja y selecciona. Que en Argentina ha sido vanguardia mundial el reconocimiento del tema de los desaparecidos políticos en los años 70 de la última dictadura militar-cívico-clerical. Que eso parece haberse aprendido, y quizás no se repita, no al menos de la misma forma, me atrevo -ya con desconfianza- a decir. Pero que en cuanto al resto, o casi todo el resto, la memoria y la información parcial e insuficiente, la ausencia de transmisión generacional, la desinformación y desvirtuación organizada y sistemática a través de los medios de comunicación, el consumismo como “forma de felicidad”, hacen que la memoria colectiva no recuerde -no quiera recordar, no sepa- ni siquiera lo de pocos años atrás, como por ejemplo del casi 30 por ciento de desocupación del cavallo-menemismo en los años 90.

 

 

 

 

     “Lo de la década ganada no es del todo efectivo a la hora de seducir a un voto mayoritario”, dice Serrano Mancilla. Y agrega, aunque de sorpresa y hasta rabia reconocerlo: “Los jóvenes y la nueva clase media de origen popular piensan y votan exigiendo mucho mas. Naturalizaron derechos sociales y ahora realizan nuevas demandas. Y tienen derecho a hacerlo.”

 

 

            Y es cierto. Los más jóvenes creen que las jubilaciones se cobraron siempre y que ciertos beneficios sociales, solo en parte recuperados, existieron siempre. Que son naturales, propios de la Naturaleza, como la lluvia y el viento. Y no es así, para nada, o casi nada. Argentina conoció momentos mucho mejores de leyes sociales y laborales, de protección de salud y derecho gratuito a la educación y la vivienda financiada por el Estado mediante el cobro de parte de las sobreganancias de las patronales, que ricos hubo siempre y la clase media creció en Argentina como ninguna en América latina gracias a esas retenciones a los patrones, la protección a la industria nacional, el cobro de imposiciones y la regulación del comercio exterior e interior.

 

 

                “¿Qué fue lo que hicimos mal?”, creo que fue la pregunta de la última presidenta argentina en un encuentro internacional. Ella también estaba sorprendida, como su 49 % de votantes, o lo parecía ante el dominó de caídas que comprendió a Brasil y Paraguay y sacudió a la Argentina junto a una Venezuela que parece estar en permanente amenaza de ser invadida o ser implosionada por estímulos fabricados desde dentro. El resto, a la derecha, o casi, como Perú, Colombia, Chile, Uruguay.

 

 

 

              “¿Qué fue lo que hicimos mal?” O cómo es que creamos trabajo y mejoramos salarios e ingresos y aumentamos el consumo, incluso el que podríamos llamar “suntuario” y ese mismo sector beneficiado votó en contra por una promesa de “cambio” que no puede definir y que nunca se definió salvo, desde hace un año, en los hechos, que a muchos le siguen pareciendo increíbles o inexistentes, al menos, silenciados, callados. ¿La inseguridad urbana por episodios delictuales? Puede ser. Pero Argentina nunca se caracterizó por tal situación en el mercado, sociedades, cultura e historia latinoamericanos y mundial, y negarlo o no saberlo implica una altísima desinformación si se piensa en México, Colombia, Guatemala, El Salvador y ciudades como Caracas en Venezuela y Río de Janeiro o San Pablo en Brasil, por mencionar solo algunos sitios geográficos continentales.

 

 

 

              La memoria cambia. La memoria se modifica. La memoria siempre es selectiva e incompleta. La memoria hay que crearla. Que la transmisión generacional no siempre es satisfactoria, y en general no lo es. Que la cumulación de experiencia solo rinde sus frutos en determinados momentos. Que hay que estar preparado para ello, que a la encrucijada y dilemas históricos los pintan calvos, es decir, no se los puede tomar de los pelos, y que si no hay una conjunción político-cultural que sintetice al político en liderazgo y a la “masa” o población en seguimiento ha de resultar seguro que este capitalismo tardío, o lo que fuese que es esta ausencia y necesidad horrorosa de ahora, nos ha de ganar la partida y habrá que esperar otra oportunidad, quizás cercana, posiblemente lejana, más dolorosa y hasta tal vez casi la última o decepcionante, para el apagón mental y colectivo sin remedio a largo plazo. Que el sistema “estudia” de modo permanente para esa desgracia o tragedia histórica, porque así funciona y así es la acumulación imparable de la lógica del capital o la riqueza concentrada. Si la riqueza no puede parar, es deber del humano no parar hasta detenerla o al menos regularla. Que se puede y que habrá también más penas y olvidos porque nada es para siempre y no hay mal que dure cien años.

 

https://www.pagina12.com.ar/21432-rayuela-en-ecuador 

http://www.celag.org/rayuela-en-ecuador/

 

 

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